El ásana transformador

Todos los amantes del yoga hemos leído la leyenda en la que Shiva enseñaba los ásanas de yoga a su esposa, la diosa Parvati. Aunque nos habrán llegado diferentes versiones, nos vamos a centrar en aquella en la que el pez llamado Matsya, fascinado por la voz del Shiva y por las extrañas posturas que éste enseñaba a su consorte, tomó la decisión de imitarlas sin que nadie le viera.

 

 

En esta narración se expone cómo la práctica de lo que había aprendido de Shiva generó en el pez una mutación extraordinaria que le llevaría a transformarse en un ser humano. Por este motivo se le considera como el primer yogui de la historia y se le dio el nombre de Matsyendra, que algunos traducen como “el pez transformado en hombre”.

 

Aunque en otras versiones es Shiva el que convierte al pez en humano, las posturas de yoga, y Matsyasana (la postura del Pez) en particular, tienen un efecto verdaderamente transformador y son capaces de convertir a cualquier persona en un ser humano supra-consciente.

 

La figura del pez ha sido en casi todas las culturas un símbolo de cambio y transformación, tanto en

 oriente como en occidente. El budismo lo considera como una imagen de renovación para alcanzar la felicidad y la libertad. Ya en la mitología greco-romana este animal representaba la idea de una profunda metamorfosis. Con la llegada del cristianismo, el dibujo de un pez, denominado ichtus, se consolidó como el símbolo de fe y de transformación, entre otras cosas, como evocación de las palabras de Cristo: Seguidme, y yo os haré pescadores de hombres.

 

La leyenda del pez ha quedado en nuestra época como parte de la imaginación mitológica de los

 maestros que la escribieron y como mucho se considera una narración hermosa que solamente quiere justificar el origen divino de esta disciplina ancestral llamada yoga.

 

La experiencia, en cambio, nos dice que detrás del planteamiento formal y metafórico de la leyenda existe un amplio y rico contenido lleno de múltiples posibilidades. Y ese contenido se centra no en la técnica para ejecutar la postura sino en cómo realizarla para conseguir su efecto transformador, es decir, qué requisitos o condiciones esenciales hay que cumplir para obtener sus verdaderos frutos. Los maestros se centran en tres requisitos fundamentales.

 

El primero consiste en ejecutar siempre el ásana como si fuese la primera vez que se hace, de manera que la vivamos en cada práctica como una experiencia totalmente nueva. Se debe realizar la postura con la mente abierta, para ser conscientes en cada momento de todos y cada uno de nuestros músculos y articulaciones, así como del estado de nuestros pensamientos y emociones. Siempre buscando la paz profunda que nos lleva a estados gozosos, aunque a nuestra mente le cueste mantener la postura. De la misma forma que en algunos deportes se consiguen las mejores metas cuando se dominan sus técnicas hasta ejecutarlas de manera automática, en yoga los logros se alcanzan cuando ejecutamos la postura con plena conciencia, con creatividad y con la autonomía que permite un amplio conocimiento previo de la misma.

 

La segunda condición se alcanza cuando nos abrimos de forma sincera a nuestro interior. Somos luz, conciencia y amor, que es la fuerza más poderosa del Universo. El amor nos abre a la plenitud y a la Unidad. Recordemos que en otras culturas, como la china, el pez también es símbolo de la unidad y del amor.

 

La tercera condición está igualmente relacionada con otra antigua y muy olvidada cultura: la celta. Para ellos el pez representaba el conocimiento, la sabiduría, la inspiración y la capacidad de profecía. Cuando realizamos los diferentes ásanas, no solo el pez, adquirimos con la práctica unos conocimientos amplios y profundos que llamamos sabiduría. Recordemos que un ser iluminado es el que ya no tiene más capas de ignorancia.

 

Y para terminar, hay que tener en cuenta algo muy importante. La postura consigue su efecto transformador y permite que se expanda nuestra conciencia de forma global solamente cuando se cumplen de forma simultánea los tres requisitos descritos. En ese momento se produce un efecto armónico similar al que se genera cuando, en música, tres voces se unen como si fueran los diferentes tonos de un acorde y suenan paralelamente, constituyendo una unidad armónica. Cuando se practica Matsyasana la vibración de nuestros chakras se une de la misma forma, transformando las capas de oscuridad en voces luminosas, que nos transforman en seres supra conscientes.

 

Artículo escrito por Pedro López Pereda. Publicado en Yogaenred.com

 

 

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