LOS CINCO CIMIENTOS DEL YOGA

Tengo que reconocer que esta valiosa revelación me llegó de forma repentina, allá por diciembre de 1993, en una sórdida noche que pasé en la ciudad de Salamanca. Me hubiera gustado recibir esta información tan importante en alguno de mis viajes por Oriente, pero el destino eligió un entorno mucho más prosaico para brindarme “Los cinco cimientos del Yoga”, aunque no por ello la experiencia fue menos hermosa.

Desde el primer momento fui consciente de que el regalo que había recibido iba a cambiar mi forma de entender el yoga y también la manera de percibir todo mi entorno.

En los años sucesivos fui incorporando estos fundamentos a mi trabajo cotidiano y a mi práctica del yoga y, poco a poco, se convirtieron en la base que me ayudó a entender todos los procesos que la vida me hacía experimentar. Estos conocimientos constituyeron una base fuerte y firme para profundizar en esta disciplina milenaria.

Los cinco cimientos se pueden resumir de la siguiente forma:

El primer cimiento consolida el pilar que mantiene que el yoga es una práctica compleja y, al mismo tiempo, profundamente sencilla.

Los conceptos complejo y sencillo son totalmente diferentes de los vocablos complicado y simple. Una persona sencilla no tiene por qué ser simple y un elemento complejo no tiene por qué ser complicado. Es difícil encontrar una disciplina que tenga tanto contenido y riqueza como el yoga y que se sustente en una base tan evidente, natural y lógica. El yoga se alcanza desprendiéndose de todo artificio, como reflejan las palabras de Krishna:

“Realiza todas las acciones abandonando el apego, a la vez que permaneces indiferente al éxito y al fracaso. Semejante ecuanimidad mental se denomina yoga”.


El segundo cimiento fortalece el principio fundamental de que el yoga es accesible a todas las personas, cada una en su nivel de dificultad y crecimiento.

El yoga es inclusivo y se adapta a las capacidades de cualquier individuo. En la práctica de ásanas, siempre es posible elegir el grado de dificultad. La práctica del pranayama es el manejo de una función biológica básica del ser humano, como es la respiración. Y la meditación está al alcance de cualquier persona que tenga perseverancia.


El tercer cimiento sustenta una estructura flexible que se traslada a los yoguis y yoguinis que lo practican.

Esta flexibilidad alcanza tanto al cuerpo como a la mente, ya que el yoga no es dogmático ni rígido. No obstante, se trata de un cimiento firme que se construye con autodisciplina y constancia.

El cuarto cimiento asienta a la estética como la disciplina que estudia la verdadera belleza que vertebra todas las prácticas del

yoga. La estética es un camino hacia la perfección y la percepción de su grado más alto: el Absoluto. Es un camino para llegar a la máxima expansión de la conciencia y, con ello, a la realización del Ser. Como dijo Confucio:

“Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla”.

De esta manera, ser consciente de la belleza de un ásana nos reconcilia con las palabras de Krishna:

Permanece por siempre Conmigo aquel yogui que (…) percibe que Yo me encuentro en todos los seres”.


El quinto cimiento afianza la idea de que la práctica correcta del yoga es una disciplina eficaz y autónoma con respecto a cualquier autor o nación.

En el Bhagavad Gita, Krishna nos verifica que todas las prácticas del yoga nos llevan a un proceso evolutivo que culmina en la Unidad con el Absoluto y nos explica que en el sendero del yoga ningún esfuerzo, aunque sea inacabado, es en vano ni crea efectos adversos.

Estos cinco cimientos nos ayudan a construir nuestro edificio interior, un edificio donde la creatividad primero, el amor después y por último la sabiduría son los volúmenes que configuran nuestra verdadera existencia. Según palabras del propio Krishna:

“En verdad, nada existe en el mundo que sea más santificador que la sabiduría. A su debido tiempo, el devoto que tiene éxito en la práctica del yoga experimentará esta verdad espontáneamente en lo más profundo de su Ser”.



Artículo escrito por Pedro López Pereda. Publicado en: Yogaenred.com

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